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| © Ainhoa Tilve · Pablo Andreva | ||||||
27/3/04 · Crónica concierto Ex Mundus · Sala Dèjávu Más allá del satélite… una novela hecha para perdurar, capítulos rotos en el recuerdo · Por Ignacio Reyo Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… Animatronic desvestido en sencillez, elegancia, sublimidad… el tiempo no existe y nosotros, habitantes del planeta, lo sabemos. Decía Margarita Duras que la noche era un libro abierto, dependiendo de quién sea el narrador de la novela puede aburrirte mortalmente o hacerte saborear el jardín de las delicias like Wayne Hussey. Morti lo sabe y por eso agrega a los oídos del espectador el secreto de su planeta, el pulso para hacer de esa novela llamada Ex Mundus algo más que otra obra efímera en el mercado de los tiempos. El tiempo no existe… las guitarras acarician la voz color magenta de Morti y la respuesta del público no se hace esperar, aplausos, gritos de Morti, Ricky, Dani, Charly… cada Ex Mundus y su batería rescatado de Bushido (Pablo Salas estaba con su otra banda, los sugerentes Unfinished Sympathy) llenan la sala de un entusiasmo sobrecogedor, casi místico. Las ninfas siguen estando ahí, tanto en el micro como en el público, acudiendo a la llamada de Morti. Cantan las ninfas, agoniza el camino de la traición y se nos marca el ritmo a golpe de Another one bites the dust… Queen revive en el bajo incesante y correoso de Charly Sardá mientras Morti hace las veces de Mr. Mercury. Es de hiedra y esta vez el deleite sorprende más allá de toda sospecha. Pero antes o después, la exactitud del tiempo se hace imposible en la sonoridad del grupo, se recogen un par de perlas del cargamento Bushido, próximo puerto Magenta, siguiente Golpe en la sién, junto al dandy de voz y traje Carlos Ann, la reminiscencia nacional más clara del lunfardo con Dave Gahan en la cocktelera, un diez para el hombre del lujo y otras miserias. La novela Ex Mundus vuelve a funcionar. La novela se rompe, se dispersa, se agota y se recupera, leída como si fuera la multitudinaria y nunca finiquitada Rayuela. Más aplausos, más mística y Baudelaire toma de nuevo el espacio en forma de canción, cielo crepuscular sueño de mi vida, pecado mortal. Las lágrimas, si alguna vez han existido, han sido para esta canción. Sopla el viento, quizás la segunda canción del concierto, qué más da si todo se baraja según el seguro azar del injusto recuerdo. Los estribillos ganan nuevos cantantes en cada ocasión que se repiten, el público se ha convertido ya en la galaxia Ex Mundus. Parece que todo será un final… pero el caos, ese que pronosticaba El fantástico hombre bala se apodera de la razón. Nubila Khan arrasa, realidad inefable sugerida por las ninfas acuáticas o sonrosadas que pululan por el circo de papel y arena que se construye bajo nuestros pies. La belleza es un hecho, las diosas o dioses del olimpo están presentes. Brillan las luces de colores, el éxtasis sonoro ahora sí se acerca al final, Estatua de sal, presentaciones y algo más que un concierto, una experiencia requerida en cualquier manual del buen vivir, o del buen oyente. “Y la voz me dijo: sigue soñando: los sueños de los locos son más bellos que los de los cuerdos.” Charles Baudelaire. Gracias a Silvia y Toni, pareja inmortal, los verdaderos magos de la vita… a Cinty, a Morti, Dani, Ricky, la prima y hermana de Ricky, fans incondicionales, personas fantásticas, Charly, Salva, Sara y su alma gemela, Cristina la valenciana de pelo color sol, a Carlos, a Oscar el depeche mode madrileño y todos aquellos que soñaron algo más que lo rutinario ese día… |